Reflexión crítica sobre los contenidos bibliográficos de la unidad 2

En los últimos tiempos hemos sido participes y espectadores de un sinnúmero de cambios que definitivamente han afectado positiva y negativamente el rumbo de la humanidad. En primer lugar, la globalización entendida como un proceso de integración mundial, en donde diversos mercados, sistemas culturales y comunicacionales se convierten en lo que llamaría Marshall McLuhan “aldea global” (1911–1980), borrando las fronteras físicas, uniendo a los gobiernos en torno al desarrollo del capitalismo global e interconectando sociedades con solo un clic, mostrándonos dos caras de una misma moneda. La globalización nos ha acercado a otras realidades y sistemas culturales que antes no podríamos imaginar, el fenómeno de las telecomunicaciones y el poder de los medios masivos ha sido destacado para la evolución no sólo de nuestros propios sistemas de comunicación (redes, medios etc.) sino para la formación de una cultura ciudadana global, en donde todas las latitudes pueden conocer el acontecer mundial minuto a minuto y con tanta velocidad, que casi no nos da tiempo de reflexionar o movilizarnos frente a los escenarios de participación abiertos por la sociedad.
En este caso específico  América Latina ha tenido que presenciar el auge de los tratados de libre comercio, rompiendo fronteras físicas para entablar relaciones con países que se encuentran a kilómetros de distancia encontrando en mi punto de vista una situación limitante de beneficios para los latinoamericanos , pues, la integración de economías ha generado  una brecha visible entre los grandes capitales  y los países en vía de desarrollo, así como al interior de los países latinoamericanos la disminución de la calidad de vida de sus habitantes ha acrecentado los índices de pobreza entre sus habitantes,  siendo América Latina “el lugar de “mayor disparidad de ingresos de todas las regiones en desarrollo del mundo” (Kliksberg 1999, 41); en ese sentido, presenta la mayor brecha social de todas las regiones mundiales (Instituto del Tercer Mundo 2003). Dicha situación ha generado un centenar de políticas públicas enfocadas a subsanar los nefastos efectos de la globalización económica, siendo estas insuficientes para atender la problemática real de la desigualdad económica  y como argumenta Liliana Pérez Mendoza , “el Estado neoliberal que no deja de repetir a los pobres  que tienen el derecho de vivir con dignidad, integrados  en una sociedad equitativa, donde son invitados a ser individuos y ciudadanos, y, simultáneamente este mismo Estado adopta un modelo económico que genera estructuralmente un auge de la desigualdad, de la exclusión, y por ende, de la pobreza relativa” (Bajoit 2004, 90), porque su sentido es apenas la subsistencia de los grupos excluidos por el funcionamiento del mercado (Turtos y Monier 2008) aumentando la falta de oportunidades para conseguir niveles de calidad de vida que se han convertido en las consignas de los gobiernos neoliberales de turno diseñando  políticas de atención al ciudadano, que están centradas en una solución paternalista sin hondo calado en la formación de ciudadanos conscientes y responsables de un destino colectivo como sociedad.
Para citar un caso, Bogotá en los últimos tiempos se ha convertido en el receptor de la problemática generada por el conflicto armado que dejo en su camino infinidad de población en situación de desplazamiento, víctimas del conflicto armado,  sin contar con la marginación de la economía nacional que obligan a las personas a buscar un mejor destino para sus vidas, problemática que azota a todos los niveles, no solo en torno a la atención oportuna para reestablecer derechos perdidos por falta de acción el estado en la totalidad del territorio sino por el montaje de una política de subsidio que ha acrecentado aún más la brecha social, pues,  las medidas se establecen como transitorias pero finalmente no logran mejorar ninguna problemática y lejos de ser un medida de cambio de su situación, se convierten en el somnífero perfecto para acallar las consciencias de estos beneficiaros que lejos de tomar la rienda de su nuevo proyecto de vida se convierten como dice Mendoza en “receptores sin más responsabilidad que la de recibir tales ayudas, así no se compartan ni se cuestionen el sentido de las mismas desde sus intereses ni desde los de “otros” en su misma situación” (Mendoza, 2011, pág. 15), profundizando aún más el individualismo en un mundo globalizado que proyecta la integración de todos los escenarios de la vida de los sujetos,  paradójico cierto?, sin embargo es una realidad cada vez más creciente en nuestros países latinoamericanos, con la clase política, que promoviendo estas políticas con una intención descarada pretenden perpetuarse en el poder, pues la masa de ciudadanos son los votantes perfectos para estos grupos políticos, sin contar con las condiciones y directrices que los organismos internacionales imponen a nuestros países para cumplir con los principios de desarrollo de capitales y los altos intereses que le cuesta a nuestras naciones las políticas promovidas por organismos como el Banco Mundial, la OCDE etc., en el marco de la educación, la economía y las políticas de bienestar.
Es así que se hace necesario analizar los efectos del modelo económico actual, a la luz de los beneficios que han traído para la mayoría de la población, (pues para la minoría sabemos que han sido inmensos). Desde este enfoque se han elaborado propuestas más centradas al bienestar de toda la sociedad, pasando por alto los rendimientos económicos a gran escala e individuales que el modelo neoliberal promueve  y si privilegiando el bien común de la sociedad, sería el fin máximo de humanidad que podríamos lograr, superando todo aquello que nos convirtió en seres infelices e insatisfechos con los bienes que a pesar de la acumulación individual de estos, no llenan las expectativas de sociedad  plural que merece el nuevo siglo.  Basada en los principios de relacionalidad, bien común y la humanización del mundo, la propuesta de economía civil, se convierte en una alternativa al modelo actual, planeando interesantes premisas para el desarrollo de las sociedades, retomando estudios planteados por Antonio Genovesi durante la segunda mitad del siglo XVIII, basándose en los desafíos que debía enfrentar la sociedad de su tiempo, desarrollo una propuesta que pudiera superar estas carencias que en sus palabras pretendía  “ofrecer un modelo económico capaz de dar respuesta a las necesidades de la sociedad del momento; es decir, cuyo desarrollo permita una sociedad más justa y feliz” (Calvo, 2013, pág. 118)” nada diferente a lo que deseamos hoy día, una economía humanizada para los sujetos de todas las sociedades,  una economía capaz de encontrar la salida a la creciente pobreza en las naciones de todas las latitudes y que permita también la vida en este planeta.

Si bien la propuesta de Antonio Genovesi es innovadora y humanizante, en el marco de nuestro siglo carece de movimiento,  debido al creciente flujo de capitales y de la eficacia que insta al mercado a moverse con eficiencia e inmediatez, desde este punto autores como Richard Rose con la recuperación del concepto de  economía civil para la ciencia económica y política y los aportes desde     la Università di Bologna de Zamagni, quien, complementa la perspectiva teórica de Genovesi a partir de nuevos aportes con categorías como la reciprocidad transitiva, los bienes relacionales y la función de las  organizaciones civiles. Al mismo tiempo esta propuesta se alimenta de las reflexiones teóricas de Luigino Bruni, juntos construyen una base teórica que podría ser la salida para cerrar la brecha social generada por el modelo actual que en palabras de los autores ha generado un orden social constituido alrededor de dos instituciones fundamentales, el mercado y el Estado, cuyo objetivo principal es garantizar la correcta implementación de sus dos principios regulativos básicos: la eficiencia y la equidad” (Calvo, 2013, pág. 123), re pensando un nuevo paradigma que privilegie tres tipos de bienes:  bienes privados, bienes de justicia y bienes relacionales que estén centrados así mismo en tres conceptos elementales para los autores como son eficiencia, equidad y reciprocidad. Entendidos estos como “… el mercado, a través de garantizar una actividad de intercambio de equivalentes orientada por el principio de eficiencia, permite que se genere de forma inintencionada riqueza para la sociedad, y el Estado, a través de garantizar una acción solidaria orientada desde el principio de equidad” (Calvo, 2013, pág. 123) y el concepto de la relacionalidad que constituye en gran parte la vértebra de la perspectiva de la economía civil, pues, son aquellos  bienes que nos convierten en seres humanos y sujetos sociales como la amistad, la fraternidad, el amor, la confianza, la identidad , la participación ciudadana,  entre otros bienes que nos acercarían al alcance de la felicidad.   

Esta es sin duda una propuesta que rompe todos los esquemas conocidos por nosotros en el mundo actual, es revolucionaria, pues intenta cambiar de cierta forma el stau quo, pasando del homo oeconomicus, para convertirnos en sujetos non profit, un desafío para los gobiernos actuales y para los sistemas democráticos actuales que privilegian el mercado por encima del capital social de sus ciudadanos. En este sentido las nuevas corrientes de la ética debaten frente a cuál debería ser el modelo de democracia que deberíamos acoger para superar las probadas deficiencias del que actualmente tenemos, en este orden   teóricos como  Macpherson (2005), Pateman (1970) y Poulantzas (1978) (Vergara 1999) consideran que  el nuevo modelo de democracia participativa necesita  “una sociedad participativa que mejore la eficacia política, estimule la preocupación por los problemas colectivos y contribuya a formar “una ciudadanía sabia, capaz de interesarse en forma continuada por el proceso de gobierno” (Villarroel, rvillarr@uchile.cl, 2013, pág. 262) quedando manifiesto que son los ciudadanos los encargados de alimentar el sistema social de derecho que nos vinculan a un mismo proyecto de nación y de mundo globalizado,  generando en estos ciudadanos sentido de identidad y pertenencia que además de sentirse vinculados los haga sentirse responsables de mantener la estabilidad de las instituciones, asumiendo un sentido de justicia en donde prevalezca en todos los casos, la distribución equitativa de los recursos, diferente a la distribución igualitaria de estos, es decir,  dividiendo los recursos de acuerdo a las necesidades, promoviendo el desarrollo de las sociedades actuales. En este camino es menester preguntarnos ¿Cuál es el significado que tienen las sociedades sobre el concepto de desarrollo?, es acaso la relación dada hasta el momento ligada únicamente a la eficacia del mercado y los tratados económicos bilaterales?, es la construcción de megaproyectos que como tristemente hemos presenciado en nuestro país, arrasando con las tradiciones territoriales, de bienestar y de redistribución de territorios  de las comunidades ancestrales? , piensa Amartya Sen “ el desarrollo no puede ser reducido solo al crecimiento del Producto Interno Bruto o al aumento de algún indicador de la renta nacional (Sen 2000)… el desarrollo no puede ser medido sin tener en cuenta el estilo de vida que pueden llevar las personas y sus libertades reales.” (Villarroel, rvillarr@uchile.cl, 2013, pág. 259), que debe llevar a los sujetos al verdadero goce de sus libertades reales, algo que parece difuso, pero es el espíritu de la filosofía liberal que tantos años ha sido promovida a lo largo y ancho de nuestros modelos democráticos, porque no olvidemos que el espíritu de las leyes hasta ahora establecidas en los países democráticos se basa en gran medida en las premisas del liberalismo filosófico , en las consignas de la revolución francesa y la declaracion universal de los derechos humanos.

Libertades reales que configuran distintos modos de concebir la vida, de significar su existencia y su transcendencia, algo que las leyes deben proteger al igual que los estados, quienes están legitimados desde esta función y como se pregunta Jairo Pulecio Pulgarin, ¿por qué las normas jurídicas insisten en excluir formas de vida que supuestamente alteran el núcleo de la sociedad y la estabilidad social, núcleos que, como hemos visto, éticamente no existen per se, sino que se van conformando a medida que aparecen en la misma comunidad necesidades que obligan a autorregular su conducta? (Pulgarin, 2009, pág. 172), es así como se establecen verdades absolutas, que niegan la naturaleza de las sociedades y de los sujetos, tal es el caso del concepto sexualidad género, o siendo muy imprudentes en la relación de conceptos el de desarrollo, pues, las organizaciones económicas nos imponen indicadores de desarrollo que cada vez más niegan las soberanías nacionales con el único propósito de responder a las calificaciones de estos.

La apuesta en nuestro tiempo esta desde reconocer los diferentes modos de desarrollo, de progreso, de construcción de ciudadanía, en definitivas en los diversos modos de ser sujetos sociales llamados a atender el futuro de las sociedades modernas, entendiendo que en este punto no existen únicos o universales de ser humano, “dicho progreso consiste en la creciente capacidad de ver las similitudes entre nosotros y los que son muy diferentes a nosotros como si sobrepujaran a las diferencias. Se trata de lo que he venido llamando educación sentimental” (Richard Rorty, 2000), necesaria discusión ética para dar cabida a aquellos que han sido desconocidos, negados o silenciados por los estándares creados y aceptados culturalmente.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Mendoza, L. P. (2012). Autonomía, solidaridad y reconocimiento intersubjetivo. Clave ética para políticas sociales contemporáneas. Revista de Estudios Sociales, 42, 13–26. Recuperado de: http://bibliotecavirtual.unad.edu.co:2063/docview/1010386694?accountid=48784

Calvo, P. (2013). Economía civil desde una ética de la razón cordial. (Spanish). CIRIEC - España, Revista De Economía Pública, Social Y Cooperativa, (79), 115-143. Recuperado de: http://bibliotecavirtual.unad.edu.co:2051/login.aspx?direct=true&db=zbh&AN=99528977&lang=es&site=ehost-live

Villarroel, R. (2013). Ética del desarrollo, democracia deliberativa y ciudadanía biológica. Una articulación en clave biopolítica afirmativa. (Spanish). Revista De Filosofía (00348236), 69257-276. Recuperado de: http://bibliotecavirtual.unad.edu.co:2051/login.aspx?direct=true&db=zbh&AN=92950822&lang=es&site=ehost-live

Pulgarin, J. P. (2009). Filosofía y diversidad sexual: aportes para una lectura de la constitución colombiana en clave de género. (Spanish). Vniversitas, (119), 161-187. Recuperado de: http://bibliotecavirtual.unad.edu.co:2051/login.aspx?direct=true&db=zbh&AN=58081035&lang=es&site=ehost-live


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